Kit de primeros suicidios (vídeo-poema)

•septiembre 7, 2013 • Dejar un comentario

Yo también se hacer un puto vídeo poema de amor.

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Poesía 20.- Yo soy yo y mis destrozos.

•septiembre 5, 2013 • Dejar un comentario

He forzado mi hipocresía
más de lo que mis sonrisas pueden mentir,
más de lo que ningún sarcasmo
pueda escudarme.
He cargado con la falsa alegría
y la tristeza
por rotos iguales,
y moverse sólo es arrastrarse,
un poquito más,
por el suelo.

Me rindo.
Me abandono,
y me dignifico, al menos,
de volver a llevar estos ojos caídos
sin que contrasten con la mueca de mis labios.
De poder demostrar
que mira, también sé llorar sin escribir.
De poder decirte
que estas 54 horas sin dormir
son por ti,
y no por cualquier otra excusa
de esas que me invento.
De poder gritar que te odio;
el querer del desamor;
sin ser mentira del todo.

Siempre pensé
que el problema de romperse
era no tener dónde tirar los trozos.
Hoy me resigno,
sin ninguna vergüenza,
a admitir que ése es mi estado natural.
Con la buena educación
y el poco amor propio
de llevarlos siempre conmigo:
Yo soy yo y mis destrozos.

No te pondré la otra mejilla,
claro, que tampoco la pedirás,
y yo me flagelaré
pase lo que pase,
ocurra lo que ocurra.
Rutina del borracho
que bebe para inventar recuerdos
y no para olvidarlos.

Rutina de ir a la cocina,
a las 6 de la mañana,
con mi padre vistiéndose para ir a currar,
y sin saludarnos,
coger otra cerveza
y volver al cuarto.
Recordar que una vez ahí nos quisimos,
en mi cuarto sin ventanas.
Si tú supieras lo que es ver al Sol
morirse de ganas
de dar de lleno en la pared
de un cuarto sin ventanas.

Pero ahora que vivo de noche,
supongo que se fue contigo,
por tus venas.
Calentando otros brazos,
para acabar congelado
entre la Luna de tus piernas.

Poesía 19.- Sálvese quien quiera.

•agosto 17, 2013 • 1 comentario

¿Acaso desahogarnos no es ahogarse en nuestras propias letras?
Algo así escribir.
Algo así dolerse con la sangre de otros.
Poesía lo llaman.
Versos de sangre,
pero, ¿de quién?

Lo pongo todo perdido
cada vez que me toca dormir sólo.
Síndrome de la almohada fría
y la nostalgia caliente.
Trastorno de hacer de mi rincón
una pequeña trinchera,
con cerveza, hachís
y arpegios de guitarra acústica.
Paraíso sin mamada.
Digna mediocridad en soledad.

Si me vieses te sorprenderías
de que aún cargue esta sonrisa tan triste
con tantísimo orgullo,
de aquel que mira al suelo y camina
y aprovecha los golpes como impulsos para el siguiente paso.
¿Hacia dónde?
Qué más da,
si la felicidad, a veces,
se encuentra en los brazos equivocados
y los mejores polvos
en los callejones sin salida
(más paredes
donde empotrar las ganas)

Si me leyeses, te asustarías,
y bueno,
ya seríamos dos.
Hablar de mí y nunca hacerlo,
escribir tanto de tu nostalgia ¿estoy vacío o lleno de ti?
Ni puta idea.

Resulta que a veces te recuerdo
así con cariño.
Y es una mierda, porque lo querido,
como todo lo perdido,
es más justo recordarlo con dolor,
¿no crees?
Dignificarlo un poco, esa mierda.
Aquí me excuso,
déjame abrirme más la cicatriz,
déjame y permite que me repita
que lo manche todo de pus y de poesía.

Cariño, sálvese quien quiera.

Poesía 18.- Kit de primeros suicidios

•julio 22, 2013 • 2 comentarios

Hoy he intentado ser feliz, lo juro.
He abrazado sonrisas que me miraban a los ojos,
me he enamorado siete veces
y he soñado siete vidas de besos.

He cantado canciones sin saberme la letra,
he escapado de mis rutinas,
he querido ahogar a los suicidios,
y
no es novedad
pero algo no ha salido bien.

He abrazado sonrisas forzadas,
sonrisas de compasión:
Las peores sonrisas.
He soñado siete vidas de unos labios preciosos,
de una voz rasgada preciosa,
de unos ojos de “quiéreme como si fueras a romperte”
y mientras me follaban las ganas
de hacerte mía
de hacerme tuyo
me he despedido con un encantado de conocerte:
el hasta nunca de los cobardes.

Ahora canto a Nacho Vegas de memoria,
vuelvo a mis rutinas:
humo, insomnio y palabras (mudas)
Haciéndole el boca-alma a mis suicidios
y,
no es novedad,
pero,
creyéndome que mi vacío personal,
es sólo echarte de menos.

Poesía 17.- Déjame que vuele yo sólo mi drama.

•junio 25, 2013 • Dejar un comentario

Mido el número de estaciones en canciones,
y las canciones en personas.
Entiende que me duelan los andenes
y tiña la tristeza con más tristeza.
La doble negación del poeta.

Espero,
y no duermo,
y exhalo,
e inhalo,
y son las 6 de la mañana
y aún no sé qué coño no hacer contigo.
Sin ti.

Me miento más de lo que me aguanto
y escribo y reescribo el mensaje que nunca te envío.
Y me viene a la mente La Tregua, de Benedetti.
Porque a veces hay que llorar sin ruido.

Pero es que eres ese puto libro
que siempre acaba mal
y releo con la esperanza de un cambio en el guión.
Y no.
No hay segundas partes más que en mi cabeza
en la que vuelan los rotos,
y los rotos
me vuelan a mí.

Y déjales que vuelen,
que vuele,
aunque duela.
Que los únicos grilletes
que me gustan en esta vida
son las cuerdas improvisadas
que te atan a una cama.

Poesía 16- Arañorar

•junio 18, 2013 • Dejar un comentario

Hemos pasado de arañar a añorar,
y eso sí que araña.
Hemos sangrado más que dormido
en tours nocturnos de taquicardias
aliñadas con sangre hirviendo,
queriendo no querer.
Hemos perdido mucho más que olvidado
y roto lo ganado.
Por empatía, supongo.

Nos hemos calentado los inviernos
a base de nostalgias
y ahora hace un calor
que me derrito
de nada.
Nada acentuando el dolor
que se cura con otro dolor,
dicen.

Pero en la monotonía del cigarro consumiéndose
vemos el reflejo de los días
e incluso tiramos con disimulo la ceniza al suelo,
en nuestra propia casa,
creyéndonos que desaparece,
y no.
Y así,
en nuestros pies,
asentamos nuestros cimientos.
Cimientos de sueños de autoayuda.

Mierda de sueños.

Pues no hay peor autoayuda
que el sueño de creerse que se estará bien
cuando empiece a hablar en plurales.
En resumen,
se podría decir que no estamos (estoy) haciendo
nada bien.
Que soy el tonto que se repite:
“Y si me quieres dibujar prefiero el gris,
y si me quieres olvidar me marcho yo”

sin creerme del todo el final.
El valiente idiota
que aprendió a enamorarse de las causas perdidas
y a escapar
antes de disfrutar
de las pocas victorias.

Y es que tan sólo vivo
alternando entre las ganas de matar,
y las ganas de dejar que me mates.
Pero es que al final
no pasa ninguna,
y me masturbo,
triste
e insomnio.

Poesía 15

•junio 12, 2013 • Dejar un comentario

Esta poesía la recité anoche en los diablos tras haberla encontrado perdida entre los borradores del blog. Parece ser que nunca llegó a enviarse. La escribí en octubre, creo, y joder, no recuerdo haberla escrito. Será por eso que la he cogido cariño.

Dime, que ya sé que de heridas sabemos todos.
Que gritarle a los cojines
y sonreírle a los espejos
lo haces tú,
y yo,
y ellos,
Que nuestras virtudes no son más que pequeños anillos brillantes
que flotan en nuestra propia mierda,
esa que llevamos protegida entre nuestras costillas:
enferma y contaminada.
Y que defendemos con estandarte y espada
creyéndonos, ¿el qué? ¿qué dios nos puso luz en las venas?

La pureza pereció.
Un domingo,
por la tarde
Con un “te juro que lo siento pero.”
Y un orgasmo.
Quién sabe dónde.

No es el semen más que el vómito de nuestros ideales.
Un grito a la vida
y una patada a la muerte
Una sonrisa soberbia
del abogado que se sale con la suya
Del violador que captura a su presa.

Dime, tú que tanto has llorado,
que como Nacho Vegas hemos llorado todos.
Que en la soledad morimos y nos reencarnamos en canciones,
y que en la poesía arañamos la piel para dejarnos marca.

Dime, “tú que tanto has besado”
Si yo, un mediocre amante,
aprendiz acróbata de las palabras,
maquillador experto de la oscuridad,
puede,
en este insomnio,
despertar,
en otra noche,
y beber de tu labio superior,
y resbalarme por tu cuello,
y caer.
Ay.
No quieras saber dónde,
pero ahí
me iba a emborrachar de beberte a tragos largos.

Que a veces
lo impuro
se mata con veneno.
O mujeres:
Qué más da,
si es lo mismo.